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La Palabra Vivida

Ministerio de estudio Bíblico afiliado a las iglesias de Cristo. . .

El Sacerdocio

Apenas había arribado a la enseñanza bíblica de la misa, cuando confronté otro dilema. Sin la misa, ¿qué sería entonces del sacerdote católico? El propósito primordial de un sacerdote es precisamente ofrecer el sacrificio de la misa.

Un sacerdote, por su definición, ha de ofrecer algo. Así lo dice Hebreos 8.3: "Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también éste tenga algo que ofrecer". Si lo acaecido en el Calvario fue el sacrificio sumo y final de Cristo, ¿por qué habría de establecer Jesucristo el sacerdocio católico? ¿O, en realidad lo estableció?

En mi búsqueda a través del Nuevo Testamento, descubrí que el asunto del sacerdocio se trata en tres maneras diferentes.

A. Primera alusión, se le considera en relación a la religión judía. Sí usted es católico, probablemente está familiarizado con los sumos sacerdotes judíos mencionados en los Evangelios. La segunda relación al sacerdocio en el Nuevo Testamento es que tiene que ver con el sacerdocio de Jesucristo. Leamos:

Hebreos 2.17: "por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo".

Hebreos 3.1: "... considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús".

Hebreos 4.14: "Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios..."

B. Segunda alusión: Evidentemente, Jesucristo es nuestro sumo sacerdote. Hebreos 7.23-24 afirma que “otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas éste (Cristo), por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable”. Así, Cristo puso fin al antiguo requisito de una sucesión de linaje sacerdotal especial. Una vez consumada la misión redentora de Cristo en el Calvario, cesó la necesidad de un sacerdocio humano inferior, y con él, la necesidad de ofrecer esos sacrificios. Tampoco necesita de un representante aquí en la tierra, pues Él está vivo y permanece para siempre.

C. La tercera alusión al sacerdocio nos la enseña el apostol Pedro en su primera epístola. Como es evidente por su introducción, ésta es dirigida a todos los cristianos:

1 Pedro 1.1: “Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia…”

En su epístola, Pedro llama a todos y a cada uno de los cristianos un “sacerdocio santo” (1 Pedro 2.5) y un “sacerdocio real” (1 Pedro 2.9). Entonces, si todos los cristianos somos sacerdotes, ¿cuál es nuestro sacrificio? Ya hemos visto que es preciso que un sacerdote ofrezca sacrificios, pero también hemos dicho que la obra de Cristo fue una sola vez, y ha sido suficiente y perfecto para siempre.

En el capítulo 12 de Romanos, Pablo explica:

Romanos 12.1: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”.

Siendo cristianos, nuestras mismas vidas en obediencia a Cristo son nuestro sacrificio y nuestra adoración ante Dios. En el Nuevo Testamento, no se menciona un linaje especial de sacerdotes en la iglesia de forma aparte de los laicos. El sacerdocio y el sacrificio de la misa, conforme como son practicados en la Iglesia Católica, contradice doctrinalmente las enseñanzas de la Biblia, y se asemeja mucho más a la práctica del Mitraísmo (religión oculta practicada en la antigua Roma Imperial).