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La Palabra Vivida

Ministerio de estudio Bíblico afiliado a las iglesias de Cristo. . .

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Evidencias de Jesús fuera de la Biblia

Fuera de la Biblia existen varias fuentes históricas que contienen referencias a Jesús y sus seguidores. Son importantes porque corroboran la existencia de Jesús de Nazaret, el tiempo en que vivió, donde vivió (o por lo menos donde anduvo), que fue sabio, hizo obras asombrosas, fue acusado por el liderazgo judío, murió en una cruz, e inspiró un movimiento religiosos que hasta el día de hoy sigue fuerte.

Las siguientes fuentes históricas que hablan de Jesús vienen de  tres personas que no simpatizaban con él ni con los cristianos. Ellos nos ayudan a entender que los primeros cristianos sufrieron y murieron por causa de su fe en Jesús, lo cual nos hace pensar que Jesús es más que un símbolo; fue un hombre real que tuvo un impacto real en la vida de sus contemporáneos.

Flavio Josefo (aproximadamente, 37 AD – 100 AD)

Fue un historiador judío quien en su libro “Antigüedades” hace dos referencias a Jesús. La más importante está en el Libro 18, capítulo 3. 3.  (Nota: están en parentesis las frases que probablemente fueron añadidas por escribas cristianos muchos años después. Sin embargo, si omitimos esas frases, el texto todavía confirma la vida de Jesús)

“Cerca de este tiempo vivió Jesús, un hombre sabio, (si en efecto deberíamos llamarlo hombre). Ya que él fue quien realizó hazañas y fue un maestro de aquellas personas que gustosamente aceptaron la verdad. Él persuadió a muchos judíos y a muchos de los griegos. (Él era el Cristo). Cuando Pilatos, después de escuchar cómo era acusado por los hombres de más alta posición entre nosotros, lo condenaron a ser crucificado, aquellos, que habían llegado a amarlo en primer lugar no dejaron el afecto que tenían por él. (A ellos, él se les apareció al tercer día restaurado en vida, por cuanto los profetas de Dios habían profetizado estas y otras maravillosas cosas incontables acerca de él.) Y la tribu de los cristianos, así llamada por él, no ha desaparecido todavía hasta este día.”

La segunda está en el libro 20, capítulo 19, y  es en referencia a Santiago, el hermano de Jesús.

“El procurador Festo había fallecido. El sucesor, Albino, todavía no había tomado posesión. Hizo que el sanedrín juzgase a Santiago, el hermano de Jesús, [llamado Cristo] y a algunos otros. Los acusó de haber transgredido la ley y los entregó para que fueran apedreados.”

Cornelio Tácito (aprox. 56 AD – 117 AD)

Fue un conocido historiador romano quien escribió “Anales”. Es uno de los records más antiguos que hablan de los primeros cristianos. El confirma que “Cristo” vivió en Judea durante el tiempo de Tiberio. Pilato también fue mencionado. Cornelio probablemente nació algunos 8 años antes de las muertes de Pablo y Pedro en Roma. En su tiempo todavía vivían personas que por lo menos fueron testigos de los apóstoles. Su texto dice:

 “Consecuentemente, para deshacerse del reporte, Nerón fijó la culpa y ocasionó las más exquisitas torturas sobre una clase odiada por sus abominaciones llamados Cristianos por el populacho y de Cristo, de quien tiene origen este nombre. Estos cristianos sufrieron la penalidad extrema durante el reinado de Tiberio en manos de uno de nuestros procuradores, Poncio Pilatos, y una superstición muy dañosa, comprobada así por el momento, estalló otra vez no solo en Judea, la primera fuente de la maldad, sino aún en Roma, donde todas las cosas horribles y vergonzosas de cada parte del mundo encuentra su centro y se convierte popular.”

Plinio el Joven (aprox. 61 AD- 112 AD)

Fue amigo y colega de Tácito. Cuando fue gobernador de un territorio en lo que hoy es Turquía, le escribió al emperador Trajano sobre qué hacer con los llamados “cristianos” que resisten adorar a los dioses romanos. Nota que Plinio no encuentra falla en ellos más que son cristianos-una ofensa grave. Ya estos cristianos estaban envueltos en las tradiciones que todavía existen en la iglesia, como el servicio de adoración y el compañerismo entre los hermanos.

“Ellos (los Cristianos) tenían la costumbre de reunirse en cierto día establecido antes de que fuera de día, cuando cantaban en versos alternos un himno a Cristo, como a un dios, y unidos ellos mismos por un juramento solemne, no ante cualquier hecho malo, para no cometer nunca fraude, robo o adulterio, nunca para falsificar la palabra de ellos, ni negar una verdad cuando tenían que ser llamados para entregarla; después de lo cual era la costumbre de ellos separarse, y se volvían a juntar luego para participar del alimento, alimento de una clase ordinaria e inocente.”