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La Palabra Vivida

Ministerio de estudio Bíblico afiliado a las iglesias de Cristo. . .

Jesús y el Divorcio

JESÚS Y EL DIVORCIO

Mateo 19:3-19.

por: J. Curtis Manor

El problema de divorcio y segundas nupcias es el problema más emocionalmente cargado que desafía la iglesia en el día de hoy.  Las convicciones en el asunto son tan variadas que es imposible discutirlo sin el riesgo de ofender a alguien. La mayoría de los predicadores y pastores, cuando discuten el asunto, buscarán refugio en las tradiciones venerables de los obispos, ancianos y pastores de su sector religioso, en lugar de también estudiar el tema por ellos mismos, para aprender y confirmar lo que las Escrituras realmente dicen y no dicen, acerca del tema.

A riesgo de machucar los dedos de los pies de algunos, ofender los prejuicios de otros, e incurrir en la ira de la sabiduría convencional de las convicciones de la corriente principal religiosa, vamos a escudriñar con sensatez las interpretaciones tradicionales que hemos heredado, y vamos a ver lo que el Señor realmente ha dicho, para intentar llegar a la verdad que la Biblia enseña en este asunto.

En la contestación a la pregunta cargada de los Fariseos sobre el divorcio "por alguna razón," Jesús dijo, – “¿No habéis leído que el que los creó en el principio, los hizo varón y hembra?  Y dijo: 'Por esta causa el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer; y serán los dos una sola carne.'  Así que ya no son más dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.”

Ahora, vemos que los adversarios de Jesús eran rápidos para saltar y tender su trampa cuando dicen; "¿Por qué, pues, mandó Moisés darle carta de divorcio y despedirla?”  Jesús les dijo: – “Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; más en el principio no fue así.  Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.”

De estas palabras de Jesús registradas en Mateo 19:3-9, y algunas otras pocas palabras de la Escritura, los hombres religiosos han formulado una serie de postulados doctrinales desconcertantes, de las que lo siguiente que se presenta, es nada más una muestra de ellas:

1.  El matrimonio, siendo unido por el Señor, es una atadura espiritual en la que se unen dos espíritus como uno.

2. La atadura matrimonial, siendo unida por Dios, no puede ser rota por hombre.

3. No hay circunstancia alguna en la que Dios reconocerá un divorcio.

4. Cualquier matrimonio contraído después de un divorcio es una farsa, y no es reconocido por el Señor como un matrimonio.

5. Las personas que son divorciadas y se vuelven a casar están viviendo en adulterio.

6. Tales personas nunca pueden arrepentirse, ser perdonadas, o ir al cielo a menos que ellas se separen y regresan a su esposo/esposa original, o vivan en celibato para el resto de sus vidas.

7.  La persona culpable en un divorcio debido a la fornicación, nunca puede bajo circunstancia alguna volver a casarse.

8.  Un pecador que ha sido divorciado y se ha vuelto a casar sin permiso Escritural, no puede bautizarse en Cristo, mientras mantenga el presente matrimonio.
 

Todas las doctrinas anteriores tienen una cosa importante en común: Jesús nunca las pronunció, ni sus palabras insinuaron una sola de ellas. ¡Y todavía, son muchos los que sostienen cada una de estas en su conciencia, como si fueran la voluntad de Dios! ¡Así también aún sucede en un segmento grande de personas entre nosotros, las iglesias de Cristo, quienes nos jactamos de "hablar donde la Biblia habla, y estar callados donde la Biblia no habla"!

Echemos una mirada más cercana a cada una de estas doctrinas.


1.  Matrimonio, una Unión Espiritual:

Jesús dijo, citando de Génesis 2:24, "Los dos serán una sola carne."  Ahora, eso es bastante específico, ¿no es así? ¿No sabemos nosotros la diferencia entre la carne y el espíritu?  En ninguna parte enseña Jesús, Dios, o cualquiera de los profetas en las Escrituras, que el matrimonio es una unión espiritual.  Es una unión de la carne, y por lo tanto no sobrevive al cuerpo.  Sabemos que eso es así porque Jesús dijo, "En la resurrección no se casan ni se dan en casamiento" (Mateo 22:30), así que la mujer del dilema propuesto por los Saduceos en dicho texto no tendría ningún problema sobre sus siete maridos.  También es la razón porqué una viuda esta libre para volverse a casar (1 Corintios 7:39; Romanos 7:3). 

Una unión espiritual, por otro lado, seguiría siendo de valor mientras vive el espíritu. Y el espíritu siempre vivirá.  Por ejemplo: En la unión del cristiano con Cristo hay semejante atadura espiritual: "Pero el que se une con el Señor, un solo espíritu es" (1 Corintios 6:17).  Puesto que este es el caso, nosotros nos levantaremos de la muerte largo tiempo después de que el cuerpo se haya deteriorado y "siempre estaremos con el Señor" (1Tesalonicenses 4:17).

El hecho de unir al hombre con su esposa en "una sola carne" es una descripción exacta de la unión física del varón y la hembra en la concepción biológica para la descendencia.  Esta es la unión física a la cual Dios hizo referencia en Génesis 2:24, y es mostrado por el hecho que el apóstol Pablo, siendo inspirado por el Espíritu Santo, también citó esa escritura para describir una unión física extra-matrimonial en 1 Corintios 6:16.

¿De dónde, entonces, vino la idea de muchos de que el matrimonio es una construcción de "unión espiritual"?  Fue una invención errada sacerdotal de la iglesia Católica primitiva para ganar mayor poder y control sobre cada aspecto de las vidas de sus miembros. Esa doctrina se apoderó de las conciencias, y por generaciones se convirtió en una creencia y doctrina de ellos debido a la ignorancia escritural y la superstición de aquellos tiempos. Incluso, la tradición de la ceremonia de la boda religiosa es también una invención de los Católicos. No hay referencia directa o indirecta alguna de semejante práctica o costumbre de celebrar las bodas como una “actividad religiosa” en el Antiguo Testamento o el Nuevo.  De forma consistente en la Escritura, estos asuntos de bodas se tratan de arreglos y convenios sociopolíticos, como el negocio de la familia o el individuo, pero nunca fueron asuntos de incumbencia religiosa celebrados o confirmados del templo, sinagoga o la iglesia.  Búsquelo y confírmelo.

 

2. Indisolubilidad:

Otros intérpretes de la Escritura nos dicen:"Lo que Dios ha unido, el hombre no puede separar."  Pero de nuevo, esto no es lo que Jesús dijo. Esa es una manipulada y sutil torcedura de la Escritura, porque  Él dijo, "no lo separe el hombre."  El mismo hecho de que el Señor nos ordena y advierte de no hacerlo, reconoce que es posible hacerlo, y que nosotros somos capaces de hacerlo.  Dios ha unido muchas cosas que el hombre no debe separar, pero él lo hace de todos modos. Y en esta vida, ya sea por ignorancia o por maldad, el hombre siempre lo hará.  Dios unió el cuerpo y el espíritu para hacer del hombre un alma viviente (Génesis 2:7), y mas adelante entonces él dijo, "No mataras" (Éxodo 20:13), y la muerte es separación (Stg. 2:26ª).  Pero el hombre, en violación de esta ley, sigue separando el cuerpo y el espíritu de su prójimo. Así el hombre, ya sea de forma justificada o injustificadamente, en este mundo siempre lo hará. Desde la caída del hombre, absolutamente nada en el mundo ha permanecido como en el principio (Mt. 19:8). Por eso todo ser humano necesita la justificación que Dios provee solamente en la fe de Jesucristo (Romanos 5:1-2); porque nada en el mundo ha permanecido como en el principio.

Dice la sabiduría convencional religiosa del hombre:"Pero si un divorcio no es a causa de la fornicación, no es un divorcio conforme a las Escrituras, por consiguiente la pareja todavía está casada, porque Dios los unió,"  A eso contestaremos lo siguiente: Y si un hombre se suicida en violación de la ley, ¿él no está realmente muerto porque se mató sin permiso de las Escrituras? ¿No es una muerte verdadera? ¿Podrán sus acreedores continuar cobrándole sus deudas?  O una muchacha que ha concebido fuera de matrimonio, ¿realmente no dará a luz a un bebé porque su embarazo no es conforme al permiso de las Escrituras? ¿No concibió un bebé verdadero? ¿Qué debe hacer con su bebé? ¿Despreciarlo, abandonarlo y no amarlo porque no fue concebido según estableció la voluntad de Dios en el principio? etc.  No, Jesús no perdería su tiempo dando instrucciones al hombre por cosas sobre las cuales el hombre no tiene ninguna solución “real y sensata”, (Mt. 19:11).  La realidad es que lo que Dios ha unido, lamentablemente si puede a menudo ser separado, y lo qué Dios ha prohibido ser unido, está a menudo juntado por el hombre, ya sea por ignorancia, debilidad, o rebelión.  Así con la vida humana y la vida animal.  Así con la aceituna y su aceite.  Así con el átomo y sus partículas.  Así con varón y hembra. Así con casi todo en esta vida. No se debe, pero si puede ser separado.

 

3. Ninguna Justificación Para el Divorcio:

Algunos en la iglesia desaprueban el divorcio por cualquier razón, en práctica, y si no en teoría. Ellos dicen:"No hay ninguna partida inocente en un divorcio. Por consiguiente, cualquiera que se divorcia está en violación de la voluntad de Dios y no es elegible para el compañerismo y la comunión de la iglesia."  Usted ve, esta interpretación es mucho más simplista en esta manera. Ellos no tienen que examinar y juzgar cada caso individual, ni correr el riesgo de complicar su compasión en caso de que haya lugar para la duda razonable y honesta.  Simplemente condena a todos los divorcios, niégueles el consuelo y la ayuda del amor fraternal de la iglesia, y desampárelos al infierno. Dicen: ¡No los queremos aquí!

Jesús dijo que una persona comete adulterio si al divorciarse se vuelve a casar "salvo por la inmoralidad sexual."  Si eso no implica que uno no comete adulterio si se divorcia y se vuelve a casar debido a la culpa de la inmoralidad sexual por parte de un cónyuge, entonces el idioma no significa nada.  Por ejemplo: Si su abogado de finanzas le dice que "la exención de impuestos sobre el ingreso es $1,000 por persona, salvo por los invidentes y aquéllos de más de 65 años de edad," usted no tiene problema alguno para entender lo que significa "salvo" – sobre todo, si usted tiene más de 65 años o es invidente.  Pero por alguna razón sospechosa, cuando se trata de las Escrituras, muchas personas tienen problemas con entender el idioma sencillo de Dios.  En este asunto, estos mismos "estudiosos" también tienen problemas con la consideración y concesión adicional (a la que Jesús mencionó) que Dios provee en cuanto a esta situación para el bienestar del inocente, según fue aclarado por el apóstol Pablo en 1 Corintios 7:15: "Pero si el no creyente se separa, que se separe.  En tal caso, el hermano o la hermana no han sido puestos bajo servidumbre."  Ahora, ¿es difícil entender eso? No lo parece. Pues, eso parece como si usted decide vivir una vida cristiana fiel y su esposo/esposa encuentra su religión tan repulsiva que él/ella se niega a vivir con usted. Conforme al texto leído, en tal situación, usted está libre de cualquier atadura con él/ella, ¿no es así? Así es. En tal situación, usted no está bajo la servidumbre del incrédulo(a). Pero no es así para los que creen que no hay justificación alguna para el divorcio, porque tal texto no encaja con su interpretación prejuiciada de que el matrimonio es una "unión espiritual,". Estos estudiosos, para poder sostener su ideología, deben darle alguna "ayuda" (torcedura) a este pasaje.  Y para esto, ellos han inventado algunos tipos de “servidumbres nuevas”, para ponerlas sobre las espaldas de los menos afortunados. Pero ninguna persona debe permitir que lideres religiosos les impongan esas servidumbres, dadas las circunstancias.

Por ejemplo: La Escritura nos enseña que usted no está "bajo servidumbre" para vivir con el esposo (la esposa) que lo ha abandonado.  ¿Es impuesto estar bajo dicha servidumbre? ¡No!  Puesto que él/ella se niega a vivir con usted, usted no está "bajo servidumbre" para seguir con él/ella cuando él/ella lo deja a usted.  Eso es comprensible, también, puesto que él/ella probablemente no le permitió a usted saber cuando él/ella le abandonaría o adonde él/ella se iba.  Otro peso de “servidumbre” creado por estos interpretes es que usted todavía debe esperar por él/ella, en caso de que él/ella alguna vez decida regresar.  Dicen: Puesto que Dios los ha unido, usted no puede buscar un divorcio. Y si él/ella lo encuentra nuevamente a usted, usted todavía está "bajo la servidumbre" de no poder encontrar a otro(a) compañero(a) por el resto de su vida – o por lo menos hasta que el esposo (la esposa) errante tome otra compañera(o).  Esa interpretación suena como un gran peso de "servidumbre" a la cual usted estaría sujeto.  ¡De hecho, parece como si dijera: "lo que Dios ha unido," incluso ni Dios mismo puede separar!  ¿O quizás Pablo simplemente no pudo encontrar las palabras apropiadas y adecuadas para decirlo así en la Escritura? ¡Es absurdo! Si Pablo hubiera querido decir al/a la cristiano(a) que no está bajo la servidumbre del incrédulo(a) que abandone su compañera(o), ¿cómo pudiera haberlo dicho de una manera mejor de lo que dijo? La palabra de Dios es clara y perfecta. Pero los prejuicios tradicionales muchas veces nos hacen ver y entender cosas diferentes de lo que la Escritura tan claramente nos enseña.

"Pero a eso," todavía la refutación de ellos viene así, "aun cuando hay una excepción, Jesús sólo dio una, así que Pablo no podría querer establecer otra concesión."  A esto diremos lo siguiente: ¿Cuántos otros asuntos de la Biblia conoce usted sobre las palabras  de Jesús registradas en la Biblia, que contienen todo lo que Dios quiere que sepamos?  Por ejemplo: El bautismo. Jesús ordenó el bautismo. Pero, ¿Cómo sabemos nosotros que el bautismo es para perdón de los pecados, o nos pone en su muerte, o su resurrección, o su cuerpo? Lo sabemos porque así lo enseñaron sus apóstoles, no porque así lo haya mencionado Jesús. Otra ordenanza de Jesús fue la cena de Señor.  Entonces, ¿por qué la observamos nosotros en el primer día de la semana, si Jesús no dijo eso? Lo hacemos, porque así fue enseñada y practicada por los apóstoles.  La organización de la iglesia.  Entonces, ¿de dónde conseguimos nosotros a los ancianos y diáconos, si Jesús no mencionó dicho orden? A todas estas interrogantes, no podemos ignorar que Jesús mismo declaró que él no había revelado toda su voluntad a los apóstoles durante su vida, y que el Espíritu habría de venir a ellos para guiarlos a toda la verdad y terminar el trabajo después de su retorno al Padre (Juan 16:12-13). Así, de esta manera, esta otra concesión para el divorcio fue revelada por el apóstol Pablo, siendo inspirado por Dios. Así vemos que Dios mismo lo ha concedido, y lo reveló por medio de Pablo. No hay más que decir.

 

4. Unión Subsecuente No es Matrimonio:

Los cristianos conservadores de las tradiciones de sus ancianos, más que de la sana doctrina de Cristo, casi universalmente creen que una unión nupcial que sigue un divorcio, en la que falta la causa permitida por Jesús, es una farsa, y por lo tanto no reconocida por Dios como un matrimonio.  Éste es, por supuesto, un corolario natural de la persuasión de que "el hombre no puede separar lo que Dios unió." ¿Pero dijo Jesús eso?  No, él dijo "cualquiera que se divorcia de su mujer,. . . . . y se casa con otra."  Jesús llamó la segunda unión “matrimonio”, al decir (se casa con otra). ¿A caso no supo Jesús exponer correctamente en palabras como su Padre reconoce el asunto? Para agradar a estos conservadores de tradiciones religiosas de hombres, Él pudo haberlo llamado desde ese mismo momento, “un falso matrimonio”. Pero lo llamó matrimonio. Para los seguidores de estos grupos, es como si sus ancianos, obispos, pastores y predicadores supieran mucho más sobre el punto de vista de Dios en este asunto, que Jesús su Hijo. Algunos religiosos pretenden hablar del tema como si supieran más que Jesús.

Pero, a esto surge “otra objeción” que a menudo se hace, dicen: "Jesús estaba usando simplemente el idioma que sus oyentes habrían usado.  Él realmente no quiso decir que semejante pareja esté nuevamente casada en la vista de Dios."  Yo realmente he oído a los predicadores de reputación erudita decir esto. Intentando buscar toda forma de defender su interpretación tradicional. Pero, ¿cómo pudiéramos nosotros saber cuándo Jesús usó las palabras correctas y cuándo no?  ¿A caso no supo decir lo que él realmente quiso decir?  Y si él no estaba usando las palabras correctas cuando hablaba por el Padre, ¿qué creencia podemos dar nosotros a su dicho en Juan 12:50 cuando dijo: "lo que yo hablo, lo hablo tal y como el Padre me ha hablado"?   Es muy claro que Jesús supo lo que estaba diciendo, mejor que aquéllos quienes tienen una tradición humana que luchan por sostener.

Nosotros tenemos evidencia escrita sobre la validez de un matrimonio consumado bajo circunstancias menos-que-ideales.  En Hechos 24:24 nos dice que Félix vino "con su esposa Drusila" para oír al apóstol Pablo hablar.  Ahora, Drusila era una de las notorias muchachas de Herodes, la hija de Agripa I, y su historia escandalosa es bien conocida por las escrituras seculares contemporáneas.  Ella había dejado a su marido Sirio, Aziz de Emesa, y había corrido de la casa para vivir con el gobernador Romano Félix antes de hacerlo legal bajo la ley Romana.  La Escritura no sólo le llama a ella la esposa de Félix, sino que la redacción griega del texto le hace el reconocimiento de inspiración divina aun todavía más explícita, llamándola "Drousillav tay idia gunaiki:" (Drusila su propia esposa.) Repito lo que el texto dice: "su propia esposa."  Ahora, vemos que Félix y la multi-casada Drusila fueron reconocidos como marido y mujer en la vista de Dios. Nosotros llegamos a la conclusión de que el Espíritu Santo, quien guió a Lucas para escribir el registro Sagrado, era igualmente consciente del verdadero pensamiento de Dios en el asunto del divorcio y segundas nupcias como lo era Jesús cuando llamó a tales personas "casadas." ¿Qué parte del dilema prefiere usted? ¿La interpretación tradicional humana, o la clara revelación del pensamiento de Dios?

Realmente, lo que muchos teólogos no parecen comprender es que la ley de Dios en relación a la unión matrimonial es parte del cuerpo de ley natural que él puso en funcionamiento al principio cuando creó a varón y hembra, y que funciona automáticamente, sin tener en cuenta pecado o rectitud.  Funciona de la siguiente manera: Un hombre y una mujer están casados siempre que ellos entren en una unión por consentimiento mutuo y compromiso de fidelidad como marido y mujer.  El hecho de hacerse "una sola carne" es la expresión de la implementación de la ley natural en el plano biológico que Dios hizo en el principio, y que él todavía sostiene por su poder divino en la misma manera que sostiene a la ley de gravedad, las estaciones climatológicas del año, los principios de nutrición, de concepción, de embarazo y de nacimiento.  Para abreviar, Dios es quien opera esta ley para todos por igual, para "el justo y también el injusto."

Por supuesto, puesto que la unión sexual tiene que ver con relaciones humanas, y los planes continuos de Dios para la vida del hombre y su felicidad, Dios ha dado leyes morales y espirituales para regular la unión matrimonial conforme a los mejores intereses de aquéllos que respetan su autoridad y quieren lograr la máxima felicidad en sus vidas y las vidas de sus niños. Estas leyes definen lo recto y lo incorrecto, e incluyen alabanza y culpa, premio y castigo, pero ellas no alteran los hechos físicos, ni el funcionamiento de los procesos naturales. Y la unión matrimonial es uno de esos hechos que funciona por los principios de ley natural, al igual que el embarazo, la concepción y el nacimiento de un bebé y la nutrición. Así también al unirse un hombre y una mujer, automáticamente se hacen “una sola carne”. Por eso, al divorciarse y casarse con otro(a), lo que se adultera (se corrompe) es el vínculo carnal del anterior matrimonio. Y esto sucede una sola vez, pues no se puede continuar adulterando (corrompiendo) lo que ya dejó de ser puro. Comprendiendo estos principios, entendemos que es imposible continuar adulterando el matrimonio que terminó por fornicación, porque el mismo ya terminó. Y es imposible continuar adulterando lo que ya no existe.

 

5.  "Viviendo en Adulterio":

Esta frase ha sido acuñada por la tradición humana para acomodar la convicción de que el matrimonio de personas divorciadas no es válido.  Tal frase no se encuentra en la Biblia, ni refleja doctrina alguna que se enseñe claramente en la Biblia. El concepto de que la pareja que vuelve a casarse está viviendo permanentemente en adulterio pretende sostener que la vida sexual de dicha pareja consiste en una serie continua de actos individuales de fornicación, puesto que cualquiera de los dos que se divorció todavía está ligado en la vista de Dios, al esposo/esposa original, y que por consiguiente, realmente no está casado(a) con la pareja actual.  Para apoyar esta errada teoría, muchos de estos estudiosos de la Biblia sostienen que el lenguaje griego de Mateo19:9 debe traducirse literalmente: “quienquiera que se divorcia de su esposa, salvo por inmoralidad sexual, y se casa con otra, sigue cometiendo adulterio."  Ellos dicen que el tiempo presente en el griego siempre indica acción continua. Así que el adulterio se repite tan a menudo como la pareja, que ha vuelto a casarse, se copula, y mientras tanto que el matrimonio nuevo se sostenga.  Es verdad que el tiempo presente griego “a veces”, quizás hasta en la mayoría de los casos, implica acción continua.  Pero “a veces” también puede significar “una vez”, o un punto singular de acción no continua. La única manera de determinar qué se significa en cualquier uso dado, está a través de la atención cuidadosa a la materia y el contexto en que se encuentra dicha la palabra o expresión.

El libro, "New Testament Greek for Beginners" (El Griego del Nuevo Testamento para los Principiantes) por J. Gresham Machen, ha sido por mucho tiempo el libro de texto más utilizado por los estudiantes del griego Bíblico, y es el que es estudiado por la mayoría de nuestros propios predicadores de las universidades y colegios cristianos.  Machen dice en página 21, párrafo 21: "En el tiempo presente en griego no hay distinción alguna entre "suelto", qué simplemente representa la acción tomada en tiempo presente, y "yo estoy soltando" qué llama la atención a la acción que continúa." Esta explicación es típica de las declaraciones que son halladas en cada libro de texto griego acreditado que yo conozco.  Debe notarse, sin embargo, que en el griego, la declaración de Jesús está en el tiempo futuro, pero las mismas reglas acerca del punto de la acción y la acción lineal aplican.  Es más, cada traducción inglesa de la Biblia que, por cualquier estiramiento del idioma puede ser considerada como estándar, traduce las palabras de Jesús en este pasaje "comete adulterio," o "cometerá adulterio" – nunca dicen "sigue cometiendo."  Y estas traducciones representan los mejores esfuerzos de los estudiosos del griego más competentes en el mundo, durante los últimos 400 años.

Y así, aunque el matrimonio de una persona divorciada puede empezar de hecho con un acto de adulterio, una vez el matrimonio viejo ha estado roto y el nuevo consumado, no hay ninguna evidencia en el lenguaje de Jesús para indicar que el nuevo matrimonio es menos valido que el viejo. Tampoco hay evidencias o ejemplos en la Biblia que sostengan la idea de la existencia de una unión matrimonial permanentemente adultera.

Pero, de todas maneras, ¿qué es el adulterio?  "Adulterio" es un tipo especial de "la fornicación," y la fornicación es un acto de unión sexual entre dos personas que no se casan; esto es, que no consienten en estar unidos fielmente como marido y mujer.  La fornicación se vuelve adulterio siempre que uno o los dos partidarios permanecen ligados en matrimonio a alguien más mientras cometen su acto de unión sexual. Así la introducción de una tercera persona "adultera" la relación entre un marido y su esposa. Así como la intrusión de una substancia extranjera adultera una comida o medicina, estropeando su pureza.

Nosotros hemos alegado que la pareja divorciada que ha vuelto a casarse no está "viviendo en adulterio" porque la atadura vieja del matrimonio anterior se ha desunido, o "puesto aparte" por el divorcio y segundas nupcias, y por consiguiente ninguna partida es el esposo o la esposa de otro(a).  Aquí es el por qué, Jesús dice que uno(a) que se divorcia a un compañera(o) y vuelve a casarse con otra(o), salvo por fornicación, comete adulterio. Nos lleva a la conclusión que quien se divorcia de una compañera(o) debido a la fornicación, y se casa con otra(o) no comete adulterio.  Así la mayoría de los estudiosos entre nuestro compañerismo está de acuerdo que la "persona inocente" en un divorcio puede volver a casarse sin pecar, puesto que el adulterio de la persona culpable y el divorcio han combinado para desunir la atadura del matrimonio.

Entonces el nuevo matrimonio no es adúltero para la persona inocente, porque ella ya no está casada al esposa(o) anterior.  Pero en la próxima respiración de estos defensores de interpretaciones humanas, dirán que la persona culpable que vuelve a casarse, o cualquiera que vuelve a casarse después de un divorcio que no involucra infidelidad, es un adúltero perpetuo porque él/ella todavía tiene una esposa(o) vigente, atado a la persona inocente del matrimonio anterior. ¡Esto es absurdo! Analicemos: Así entonces, ¿qué es lo que nosotros tenemos? ¡Un caso donde "A" esta libre para casarse con "C" porque “A” ya no está casado(a) con "B;" pero "B" no está libre para casarse con "D" porque él/ella todavía está casado(a) con "A"!  En otras palabras, ¡él es su marido, pero ella no es su esposa! ¿Cómo puede un partidario al matrimonio estar casado, pero no el otro?  Si uno está ligado, entonces los dos son.  Y si no hay ninguna atadura a una tercera persona, luego la unión sexual no es adulterio, por definición.  Puede ser fornicación, si no se casan, pero no es ningún adulterio.

 

6. El Arrepentimiento Requiere Separación:

Defensores del concepto "viviendo en adulterio", tiene un pensamiento que básicamente enseña que la única manera que la pareja culpable puede recibir perdón en la vida es por la separación.  Si un compañero(a) en semejante unión no puede, o no quiere, volver a la(el) esposa(o) original de quien él/ella se divorcio en el primer lugar, él o ella debe pasarse los años restantes de su vida en soledad célibe.  Desgraciadamente, la Biblia, que es dada para equiparnos "para toda buena obra" (2 Timoteo 3:16-17), no indica nada específico acerca de lo que una persona divorciada penitente tiene que hacer para recobrar la gracia de Dios, ni cómo la iglesia debe hacer para tratar con semejante persona. Por otro lado es inconcebible pensar que no hubiera ningún problema de divorcio que afectara a la iglesia durante los días en que la Biblia estaba siendo escrita.

Sabemos que la sabiduría convencional inmediatamente apunta al caso de Herodes Antipas, a quien se dijo: "No te es lícito tener la mujer de tu hermano" (Marcos 6:18).  Pero éste no es un ejemplo válido para este caso. Porque la razón para la denuncia de Juan a Herodes no era porque ese divorcio "por cualquier razón" fuera ilegal. Recordemos que en tiempos de la ley de Moisés eso era permisible, y ésa era la ley bajo la que Herodes estaba viviendo.  Jesús mismo reconoció que esto era así (Mateo 19:8).  Nosotros sólo podemos hacer conjeturas en al menos dos puntos de por qué el matrimonio de Herodes era ilegal por lo cual Juan lo acusaba.  a) Puede haber sido el hecho que Herodías había sido la esposa de su propio hermano, y su unión con ella violó Levítico 18:16.  b) Puede haber sido el hecho que el privilegio de divorcio bajo la ley de Moisés era para los hombres, y no para las mujeres.  Nosotros realmente no sabemos específicamente la razón. Pero el hecho de que el acto de divorcio y volver a casarse era permisible bajo la ley en el tiempo de Herodes, eso sí lo sabemos, y eso fue lo que provocó toda esta discusión de Mateo 19.

Aún, el argumento que a menudo se oye en apoyo del requisito de la separación es algo parecido a esto: "Si un hombre roba la mula de su vecino, ¡él realmente no se ha arrepentido y no puede recibir perdón hasta que él devuelva la propiedad robada!"  Esta ilustración, y su popularidad persistente, nos dice mucho más acerca de cómo las personas que lo usan se sienten sobre las mujeres, que sobre el problema mismo del divorcio.  Una esposa no es un animal mudo e inconsciente, ni un pedazo involuntario de propiedad para ser comparada de esa manera.  Una vez que se han desunido los lazos de un matrimonio anterior, ella ya no más "pertenece" al ex-marido.  En un punto de verdad, bajo la ley del Antiguo Testamento, al menos aprendemos, que un retorno al esposo anterior fue prohibido.  Incluso, se describió como una "abominación" para Dios (Deuteronomio 24:1-4). Y lo que abomina a Dios una vez, le abomina siempre.

Hay pecados por los cuales, por su misma naturaleza, no hay ninguna restitución posible.  El asesinato es uno. La mentira es uno. El adulterio es otro. Concebir un hijo fuera del matrimonio, etc. Después de que las tales acciones han tenido lugar, ninguna cantidad de dolor o arrepentimiento puede provocar una restauración completa del pasado acto.  Lo mejor que la persona culpable puede hacer es disculparse, pedir perdón de Dios y del hombre, y resolver nunca volver a repetir su error.  Hay casos en que ni siquiera un objeto robado puede devolverse justamente a su dueño.  Quizás la víctima del robo no puede encontrarse, o ya está muerto, no dejando heredero alguno.  O, si lo encuentra, ¡puede que él se niega aceptar la propiedad robada, por cualquier razón que sea!

Inmediatamente otra objeción pudiera levantarse para tratar de sostener el argumento. Diría algo así: "Pero no es justo que la persona gane por su pecado," Y le sigue otra objeción como la siguiente: "Si un hombre adquiere algo actuando en contra de la voluntad de Dios, entonces, si él se arrepiente de verdad, él tiene que dejar su ganancia mal-conseguida, ¡y esto aplica ciertamente a una esposa adquirida por adulterio"! -- Extraño pensamiento, ¿no lo es? Cuan selectivamente el hombre aplica las reglas que él inventa para sí mismo, y para quienes heredan las tradiciones doctrinales de sus padres. ¿A caso piensa así Dios?

Por ejemplo, aquí esta una viuda cristiana que, según la Escritura, está libre para volver a casarse "sólo en el Señor"(1 Corintios 7:39).  Como tantos de su tipo, en su soledad como mujer, y debido a la escasez de hombres cristianos que sean elegibles y disponibles a ella, se casa con un no-cristiano.-- ¿Oyó usted en la vida de un predicador, o un grupo de ancianos, o una iglesia que le dicen que ella nunca pudiera ir al cielo y que se echaría fuera de la iglesia a menos que ella se separe de su nuevo esposo porque violó una enseñanza de casamiento revelada en la Biblia en el proceso de adquirir un esposo?  Por favor, permítame saber si usted alguna vez oye hablar de tal caso.  Y hay la mujer joven que, en la debilidad de la carne, ha concebido a un niño fuera de matrimonio.-- ¿Oyó usted en la vida de un predicador, un grupo de ancianos o una iglesia que exigieron que ella repudie a su niño y repudie su relación y el amor de su niño antes de que ella pueda ser de nuevo una cristiana, porque ella lo adquirió por un acto de pecado?  Dígame sobre eso también, si usted alguna vez oye hablar de ello.

Un caso verídico en la Biblia que a los abogados de la corriente de la sabiduría tradicional humana en cuanto a este tema, no les gusta escuchar y analizar es el de David y Betsabé porque está en el Antiguo Testamento. Aunque ellos son muy aficionados en dar énfasis al hecho de que el plan de Dios y su voluntad para el matrimonio es inalterado "desde el principio" (Mateo 19:8, Génesis 1:27, 2:24).  Ellos tampoco se dan sobre el hecho de citar otros casos del Antiguo Testamento para mostrar el funcionamiento de otros principios también inmutables de la vida como el amor, la fe, la obediencia y, sí, aun el arrepentimiento (Romanos 15:4). El pecado de David con Betsabé es evidente e innegable. Él la consiguió a ella por medios que eran todo lo opuesto a lo honorable. Y, cuando fue llevado a comprender la enormidad de su pecado, él se arrepintió.  Nadie puede dudar la autenticidad de su arrepentimiento, ¿cómo pudiera, después de leer el Salmo cincuenta y uno?  Pero lo que fastidia a nuestros hermanos es que ese David fue permitido quedarse con Betsabé como su esposa después de haberle adquirido por medios ilegítimos. Y aun así, Dios incluso bendijo a uno de la descendencia de esa unión, a la magnitud de darle un nombre especial para expresar su favor (2 Samuel 12: 24-25). ¿Aceptó y reconoció Dios esa unión, o nó?

De hecho, nosotros no tenemos ningún ejemplo en las Escrituras de que Dios requirió la disolución de un matrimonio porque fuera consumado en “un acto” de adulterio. Y podemos estar muy seguros de que indudablemente y lamentablemente había muchos de tales casos en los tiempos de ambos Testamentos, el Antiguo y el Nuevo.  Por otro lado, el único ejemplo de disolución matrimonial que aparece hecho y requerido por autoridad divina era debido a las diferencias religiosas, y no por los lazos matrimoniales originales anteriores (Esdras 10:11, 19, 44).  No, nosotros hemos oído a menudo que "dos males no producen uno recto," y si una persona ha pecado separándose de su primera familia, él sólo pecará de nuevo separándose de la segunda, o la tercera, o dondequiera que el arrepentimiento puede encontrarse al día de él/ella.  Es más, la culpa de este pecado más tarde bien pudiera ser compartida por la iglesia, cuyas amenazas de excomunión lo empujaron e indujeron a él a hacer lo que no era necesario ni exigido por las Escrituras hacer.  Mejor seguir la advertencia inspirada de Pablo: "Cada uno permanezca en la condición en que fue llamado.  ¿Estás ligado a esposa?  No procures desligarte.  ¿Estás libre de esposa?  No busques esposa.  Pero también, si te casas, no pecas; y si la soltera se casa, no peca" (1 Corintios 7:20, 27-28).

 

7. El Culpable Nunca Puede Volver a Casarse:

Mientras la mayoría de nuestros hermanos permiten las segundas nupcias de la "persona inocente" en un divorcio a causa de la fornicación, muchos toman la posición que quien cometió el pecado, y creó la base para romper la atadura del matrimonio, nunca puede volver a casarse.  Las razones para esto son diferentes, dependiendo de cual periódico de la hermandad usted leyó, o a qué escuela su predicador ha asistido.  Algunos dicen que es porque la persona culpable todavía tiene un esposo(a) viviente, aunque el divorcio fuera legal y la persona inocente ya no tiene un esposo(a) viviente para impedirle un matrimonio futuro.  Nosotros ya hemos discutido el asunto del matrimonio unilateral que, para decir lo menos, es absurdo.

Otros, sin embargo, dicen que, a pesar del hecho de desunir el lazo matrimonial anterior, una sentencia de vida de celibato es el precio que el culpable debe pagar por su pecado.  Ha pecado contra su cónyuge, él/ella ha decomisado el derecho para tener un/una esposa(o) a menos que la/el anterior todavía esté disponible y dispuesta(o) para regresar. He conocido a mujeres que fueron intimidadas por la iglesia a permanecer solteras después incluso de que el marido a quien ellas habían hecho mal estaba muerto y él se había ido, porque ese matrimonio fue terminado, no por muerte, sino por su pecado y, penitente o no, ellas todavía tenían que pagar y sufrir.  Digo que he conocido a tales mujeres.  Nunca he conocido a semejante hombre, porque son pocos los hombres que tienen la vitalidad para permanecer por mucho tiempo en la iglesia bajo este tipo de coacción absurda y antinatural.  Pero, ¿dónde ha expresado Dios alguna vez semejante requisito?  ¿Y donde, en las Escrituras se ha autorizado a alguien para asignar a un pecador "obras de penitencia" encima de, y más allá de, un esfuerzo sensato y razonable para hacer reparaciones a la persona dañada?  En cada una y otra conexión nosotros denunciamos la práctica anti-escritural de la iglesia Católica Romana de requerir obras de penitencia simplemente para castigar al pecador y guardarlo siempre bajo la sombra de su culpa.  Y sólo para el adulterio, nosotros (un amplio sector en la iglesia de Cristo) lo hemos estado infligiendo de igual modo a los nuestros. ¡Basta ya! Lo han hecho  por negar el derecho del adúltero arrepentido una vida normal. Nuestros hermanos han hecho al adulterio el pecado imperdonable en la iglesia.  El asesinato, ellos dicen, puede perdonarse por Dios y el hombre, y el culpable puede ser restaurado al compañerismo completo y todo privilegio como si el pecado nunca sucedió.  De hecho, hasta donde concierne a Dios, "jamás me acordaré de sus pecados" (Hebreos 8:1 2).  Así también con la sencilla fornicación.  ¡Incluso con sodomía!  Pero, si el adúltero reformado hace el intento de buscar una vida cristiana normal en el matrimonio, ¡él desgraciadamente descubrirá que su pecado todavía está vigente en los libros de muchos hermanos en la iglesia, y se sostendrá para siempre contra él! ¡Porque interpretarán erradamente su nuevo matrimonio como una relación permanentemente adultera!   ¡Así él "nunca tendrá el perdón!  ¿Qué paso con el "perdón de pecados.  Y de todo lo que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados" (Hechos 13:38-39)? Parece que, desde el punto de vista tradicional humano, la sangre de Cristo no limpiará totalmente a una persona de, por lo menos, una cosa por la que Dios justificó a una persona bajo la ley de Moisés (2Samuel 12:13). El adulterio. Pero, ¿por qué nos revela la Escritura lo siguiente?:

Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado. ¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión, o también para los de la incircuncisión?. . .” (Romanos 4:7, Salmos 32:1-2)

 

8. Una Persona Divorciada Que Ha Vuelto a Casarse No Puede Ser Bautizada:

Tan seguros se sienten muchos de nuestros hermanos de que Dios los ha investido con el poder de determinar el destino de las almas de los fracasos matrimoniales, que ellos se niegan a bautizar una persona que haya sido divorciada y se haya vuelto a casar, a menos que él/ella se conforme a sus criterios e interpretaciones arbitraria de arrepentimiento, el cual es, separarse de su familia presente porque él se separó de otra en el pasado.

Semejante persona, ellos dicen, no es un candidato apropiado para el bautismo, porque él/ella no se ha arrepentido verdaderamente.  Sin embargo, yo he oído muchos de los mismos hermanos declarar públicamente que la única pregunta un predicador tiene el derecho a hacerle a una persona que desea el bautismo es, "¿crees que Jesús, es el Cristo, el Hijo de Dios?" (Hechos 8:37).  Ellos dicen, que el hecho que una persona desea obedecer el evangelio es evidencia “prima facie” de su arrepentimiento: pero para estos hermanos existe una excepción que ellos han añadido; el cual es: a menos de que él/ella se haya divorciado y se haya vuelto a casar.  Me gusta la actitud de un gran predicador que conocí en mi juventud quien dijo de este problema: "El Señor me mandó a hacer  discípulos y bautizarlos.  Si yo lo hago y él todavía no los quiere, ése es su asunto, y no mío."

 

Así que, ¿Cuál es la Respuesta?

No pretendo tener todas las respuestas a todas las complejidades del problema del divorcio en la iglesia, pero estoy bastante seguro que atormentar espiritualmente a aquéllos que han soportado esta tragedia del divorcio, y han estado intentando salvar sus vidas honestamente, no es una de ellas.  Pero antes de que alguien vaya corriendo a solicitar un divorcio, porque piensa que yo le he mostrado una escapatoria o que le haya impulsado para tomar la atadura del matrimonio más ligeramente (este es el terror de muchos hermanos), por favor permítame concluir el mensaje.

Aquéllos que sostienen puntos de vista similares a los que he expresado, son acusados a menudo por el sector de la sabiduría tradicional y convencional de la iglesia, de defender el divorcio, o por lo menos, de haber impulsado a la gente para cometer el adulterio. Yo niego esa alegación respetuosamente, y desafío al que lo alegue.  Nunca he escuchado a alguien acusar a Pedro de haber aprobado el asesinato porque él ofreció perdón a aquéllos que crucificaron a Cristo.  Nunca he oído a Pablo acusado de aprobar el robo, embriaguez, idolatría u homosexualidad porque él enseñó que las personas culpables de ello podrían lavarse, santificarse, ser justificados, y guiados a vivir vidas decentes habiendo puesto esos pecados detrás de ellos en el pasado (1 Corintios 6:9-11).

El Señor ha dicho que él aborrece el divorcio (Malaquías 2:16).  Pero incluso el Señor, quien nos dio el matrimonio para nuestro bien, reconoció que en algunos casos, debido a debilidad y perversidad humana, o cualquier cosa que usted pueda llamarlo, el matrimonio en este mundo caído a veces falla e incluso puede volverse un obstáculo y hasta una maldición.  Ésa es, sin duda alguna, la razón porque él le dio las instrucciones a Moisés acerca del divorcio; recuérdese que  Moisés fue nada mas el porta voz de Dios. Así que no era sólo Moisés quien "permitió divorciaros de vuestras mujeres" – era el Dios mismo por medio de él.

Y, si el Señor en algunos casos les permitió a algunas personas practicar el divorcio que Jesús declaró ser adulterio, y así lo hizo, debe de haber sido para detener o eliminar otros pecados que Dios consideró ser aun más serio y dañino a la larga, para la vida humana y el alma del adultero.

Sólo Dios puede ver en los corazones de hombres y mujeres y entender por qué ellos hacen lo que ellos hacen.  Por consiguiente, sólo Dios se califica para juzgarlos y justificarlos por esas acciones.  En algunos casos, Dios nos ha dado normas por las cuales podemos conocer su juicio de ante mano y administrarlo por su autoridad en la iglesia.  Pero en el caso de disputa doméstica, los factores contribuyentes son a menudo tan privados y tan complejos que ningún hombre, o grupo de hombres, puede saber bastante de ellos como para aplicar justamente aun las normas de Dios.

El Señor nos ha dado amplias instrucciones para construir un matrimonio y una vida feliz y exitosa en el hogar.  Él nos ha dado amplias advertencias acerca de los peligros del divorcio.  Él nos ha permitido saber que no está contento cuando el divorcio sucede, o cuando las segundas nupcias siguen también un divorcio sin la causa especificada.  Pero él no nos ha especificado en este asunto lo que debe hacerse después de que el error se ha cometido y el daño se ha hecho.  Ni ha dicho él cómo la iglesia debe tratar a esas cientos de miles de personas que llevan esas cicatrices, pero están intentando reconstruir sus vidas, y que seriamente ahora desean servir al Señor e ir al cielo por una vida mejor que ésta.  Quizás esa falla aparente simplemente es porque cada caso debe juzgarse en sus propios factores, y sólo Dios es competente para hacer eso.  Yo no sé cuál es la cosa correcta por hacer para la pareja que pecó antes de que ellos aprendieran lo que la ley de Dios dice.  Pero Dios si sabe.  Yo no sé quién es el más responsable, el marido que cometió adulterio o la esposa inhibida que rehusó darle a él el cumplimiento que se pensaba necesario para que la relación matrimonial funcionara, haciéndole más vulnerable a la tentación.  Pero Dios si sabe.

No sé si una mujer que dejó a su marido porque él llego a la casa borracho y le pegó, gasto el dinero para los alimentos en los juegos de azar, o se negó a bañarse, estaba justificada a buscar una vida normal en matrimonio con un hombre decente que la amaría y mantendría a sus niños en lugar de tener que sostenerlos por la asistencia pública, pero Dios si sabe.  No sé si un hombre que supo la voluntad de Dios sobre la fidelidad matrimonial, pero se fue con la esposa de algún otro hombre de todos modos con sus ojos abiertos, ahora realmente se ha arrepentido sólo porque él dice que él lo ha hecho y porque parece que está haciendo un honrado intento para ser de nuevo un cristiano, pero Dios si sabe.  Y así que nos dice la Escritura, "a los fornicarios  y a los adúlteros Dios juzgará" (Hebreos13:4). No le corresponde al hombre.

En el entretanto, permítanos tener cuidado para no destruir con nuestros prejuicios emocionales y nuestro celo para lo que nosotros no sabemos, cualquier alma para la que Cristo murió. Porque en el intento de desarraigar una cizaña nosotros podemos fácilmente destruir la mitad de una medida de áridos de trigo.  Pero, si usted es uno de aquéllos que ya está envuelto en divorcio y segundas nupcias, ¿qué debe hacer?  Si usted estuviera en la falta, usted lo lamenta, y usted quiere agradar, y servir a Dios ahora mientras usted vive, y desea ir a vivir con él cuando usted se muera. ¿Qué debe usted hacer?  Simplemente lo mismo que deben hacer todos los demás.  Investigue las Escrituras para saber lo que es correcto: no lo que cualquier predicador o cualquier iglesia dice, sino lo que Dios dice.  Ore para recibir sabiduría para poder entender y discernir lo que es correcto, y por la fuerza para hacerlo. Busque a aquellos hermanos, que no le darán la espalda y le recibirán con amor para ayudarle a crecer en el sano conocimiento de la doctrina de Cristo. Entonces haga lo mejor que usted pueda confiando en Dios para darle la justicia templada con misericordia según el amor de él y su fe. Eso es lo mejor que cualquiera de nosotros puede hacer.

Traducción al español por: Lorenzo Knowlton

Editado solamente para este sitio por: Julio Ortiz