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La Palabra Vivida

Ministerio de estudio Bíblico afiliado a las iglesias de Cristo. . .

La Confesión

Como ya hemos visto, después de la muerte y resurrección de Cristo, cesó la necesidad de sacerdotes que realizaran sacrificios en favor del pueblo, ya que el sacrificio de Cristo realizado por nuestros pecados fue completo. De manera que cualquier discusión respecto a la doctrina de "la confesión al sacerdote de nuestros pecados" resulta innecesaria. No obstante, tal doctrina debe ser explorada a la luz de la enseñanza bíblica ya que la realidad es que la misma está profundamente arraigada en nuestra cultura hispana. 

De acuerdo a la doctrina Católica, el sacerdote tiene el poder y la autoridad en sí mismo para perdonar los pecados del pecador. El no pide a Dios en favor del pecador, sino que él mismo lo absuelve de sus pecados en el nombre de Cristo. Con esto, el pecador católico infiere que no es a Dios a quien él debe acudir directamente para pedir su perdón, sino al sacerdote y en ocaciones especiales a una corte eclesiástica especialmente autorizada para ello. En ninguna parte del Nuevo Testamento se establece ni se enseña tales prácticas.

 

Considere los siguientes pasajes:

1 Juan 1.19: "... y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo".

1 Juan 1.9: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados..." (Nótese que "él" se refiere a Cristo y el “confesar” equivale a reconocer nuestra falta con actitud de arrepentimiento ante Dios).

En el capítulo 8 del libro de los Hechos, Pedro confronta a un hombre llamado Simón, quien trató de comprar el poder del Espíritu Santo. Pedro se dio cuenta que esto era un gran pecado. Volviéndose a Simón, Pedro le dijo: "Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero" (Hechos 8.20). Pedro exhortó a Simón a arrepentirse de su pecado. Como primer Papa (y tal vez como un sacerdote) “según la doctrina católica”, Pedro hubiera estado en la mejor posición que cualquier otro sacerdote en la iglesia, para escuchar la confesión de Simón, imponerle una penitencia y, luego perdonar su pecado en el nombre de Cristo. ¿No es cierto?

Pero lea las palabras de Pedro: "Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón" (Hechos 8.22).

¿A quién dijo Pedro que debía Simón acudir para alcanzar perdón? ¿Al sacerdote o a Dios? Como ya se ha dicho, ya que sabemos que no había sacerdotes en la iglesia que Cristo edificó, tampoco pudo haber existido la confesión según lo enseña y practica la iglesia católica. Y aunque hubiera habido sacerdotes (judíos), tal práctica de la confesión (según el concepto de la doctrina católica) hubiera sido aún como lo es hoy, contraria a las Escrituras.