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La Palabra Vivida

Ministerio de estudio Bíblico afiliado a las iglesias de Cristo. . .

La Eucaristia

Un elemento importante de la misa es el milagro de la “transubstanciación”. Esta es la creencia en que, al momento de la consagración, el pan y el vino se convierten efectivamente en el cuerpo y la sangre de Cristo, aunque todavía conserven la apariencia y el sabor de pan y de vino. Obviamente esto presenta otro dilema. Si no hay sacerdote, ¿quién realiza este milagro? Y si no hay misa, ¿cuándo se efectúa la transubstanciación?

No hay nada en las Escrituras que apoye la doctrina de la transubstanciación. El Nuevo Testamento cubre los primeros cuarenta a sesenta años de la historia de la iglesia. Seguramente, Pablo, Pedro, Juán, Santiago u otro apóstol habría mencionado, o por lo menos habría aludido a tal doctrina en alguna parte de sus epístolas (pues es una doctrina fundamental en la misa católica). El libro de los Hechos registra los viajes misioneros y encarcelamientos de Pablo, al igual que sus prédicas, pero nunca menciona nada de tal milagro místico de tales elementos. Ni de guardar los sobrantes milagrosamente transformados en algún lugar o depositorio especial y seguro.

La Cena del Señor, como se presenta en la Biblia, es una fiesta conmemorativa. Las palabras de Jesús: "esto es mi cuerpo" (Mateo 26.26), ¿han de ser tomadas literalmente? Es obvio que no, porque Jesús mismo todavía estaba sentado a la mesa mientras hablaba y decía esto. El Maestro con frecuencia habló en términos figurados y metafóricos:

Yo soy la luz (Juan 8.12), Yo soy la puerta (Juan 10.9), Yo soy la vid (Juan 15.5)

¿Se convirtió nuestro Señor alguna vez en una luz literal, en una puerta literal, o en una vid literal? ¡Claro que no! La más completa descripción de la Cena del Señor no se registra en los evangelios (como yo lo hubiera esperado), sino en la primera carta de Pablo a los corintios. Pablo relata los eventos de la Ultima Cena, y explica el significado de ésta en el capítulo 11 de su carta:

1 Corintios 11.23-25: "Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí".

En este pasaje Pablo nos dice que la Cena del Señor es un memorial, no un milagro místico de transformación literal de elementos de una cosa a otra.

Esto es aún más claro en el versículo 26:

1 Corintios 11.26: "Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta él venga".

Por un momento, considere usted las palabras "hasta que él venga". Si Cristo estuviera presente, o mejor dicho, si el pan fuera literalmente el cuerpo de Cristo, este versículo carecería de sentido. ¿Por qué diría Pablo "hasta que él venga" si Cristo ya estaba efectivamente presente allí en ese sacrificio? ¿Se habrá equivocado el Espíritu Santo en las Escrituras? O, quizás, ¿será un grave error de la doctrina de la transubstanciación? O, ¿será que en la misa se practica el sacrificar y volver a resucitar a Cristo muchas veces cada vez que se efectúa la Eucaristía? ¿Acaso no leímos que la Biblia enseña que el sacrificio de Cristo fue perfecto, hecho una sola vez y para siempre y que solo debemos hacer memoria de él, no repetirlo?

Reconozco que es difícil aceptar lo que aquí digo, o mejor dicho, lo que la sana doctrina de Cristo enseña, porque llega y trastoca el fondo de muchos años de enseñanza católica en la escuela y en el hogar.