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La Palabra Vivida

Ministerio de estudio Bíblico afiliado a las iglesias de Cristo. . .

Los Cultos y estilos Avivados

Los errores de los cultos avivados (desordenados):

Hay muchísimas iglesias que han adoptado el estilo de los “cultos avivados” (o mejor dicho, desordenados).  Se lamenta saber que hay muchas personas que piensan que todas las iglesias deben practicar ese estilo de culto, porque no conocen lo que significa ser ordenado y reverente ante la presencia de Dios.  Los círculos religiosos de iglesias avivadas (desordenadas) creen y enseñan a sus miembros que las iglesias que no practican su mismo estilo de culto alborotado, son iglesias muertas, que no tienen al Espíritu Santo. Pero tal pensamiento es un grave error.

Uno de los errores que caracteriza a las personas que practican estos cultos avivados (desordenados) es que acentúan y dan más importancia a sus experiencias emocionales y psíquicas, al muy alto volumen de sus equipos electrónicos de sonidos, a sus grupos musicales, a los griteríos y las euforias, y menosprecian el estudio y aprendisaje responsable y diligente de la Palabra Dios.

Es necesario que muchos de ellos aprendan que ninguna experiencia, sueño o visión personal, tiene más valor que la palabra de Dios. Ninguna experiencia privada y personal es más importante que la palabra escrita de Dios.

Así lo expone un hermano en sus estudios:

“El éxtasis que experimenta el pentecostal no es de Dios. Lo sabemos porque lo que hace y dice el pentecostal bajo el poder de su éxtasis va contrario a la Biblia.

Si no es de Dios, entonces ¿cómo se produce? Una combinación complicada de factores psicológicos y espirituales lo producen: la expectativa viva de que una fuerza sobrenatural sé va a manifestar, el deseo ardiente de experimentar sensaciones extrañas y la necesidad imprescindible de hablar lenguas para que le acepten, de lleno preparan el corazón del avivado para el recibimiento del poder.

Ya está sugestionado. Luego el ritmo acelerado de la música instrumental, los coritos calientes, los palmoteos entusiastas, las patadas, los gritos, las alabanzas, la imposición de manos y las oraciones en voz alta crean un ambiente de emocionalismo desmandado, ruido ensordecedor y caos espiritual.

Sometido a las influencias poderosas de tales fuerzas emotivas, saturado desde la cabeza hasta los pies de las asunciones y esperanzas de los avivados y rodeado por los que le animan a que suelte las riendas de su espíritu, no es de maravillarse que el que desea una experiencia espiritual sobrenatural caiga en un estado de éxtasis. "Suelta la lengua. ¡Suéltala! ", exhorta el pastor avivado. No sabe lo que dice la Biblia; no acepta la amonestación conforme a la cual no debiéramos soltar la lengua diciendo- palabras incomprensibles (1 Corintios 14:7-11).

Si los pentecostales dejaran de usar guitarras, panderetas, tambores, maracas y otros instrumentos de música en sus cultos, si dejaran de orar usando vanas repeticiones (Mateo 6:7) y si hicieran todo decentemente y con orden (1 Corintios 14:40), el espíritu de éxtasis y de lenguas estáticas no se manifestaría. Los pentecostales saben que cuando no viene el músico sus cultos están "muertos". "Muertos" sí porque el espíritu de emocionalismo no se presenta.

Si se detuvieran un momento en su carrera frenética para meditar sobre las implicaciones de esta anomalía, comprenderían que su espíritu de lenguas estáticas responde al son de la música de los instrumentos, pero que el verdadero Espíritu Santo no depende de tales artefactos mundanos. El espíritu de error se manifiesta poderosamente cuando reina el ambiente de emocionalismo, pero su poder mengua notablemente cuando todo vuelve a lo normal.

Aun durante los cultos, los pastores le mandan a callarse y se callan. Al son de una campana se calla. Los miembros se tranquilizan y toman sus asientos. Con otros gestos los pastores pueden, en cuestión de segundos, reavivar a ese espíritu. Si ese espíritu fuera, verdaderamente, el Espíritu Santo, los pastores no lo manipularían de ese modo arbitrario. Piénselo, amado lector, y el Señor le de entendimiento en estas cosas.

D.S de Alamo (Editorial La Paz)